quirórfano archivos - Dr. Brage | Cirujano Plástico https://carlosbrage.com/tag/quirorfano Cirugía Plástica, Estética y Reparadora Thu, 23 Apr 2020 12:50:53 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.6.4 https://carlosbrage.com/wp-content/uploads/2017/10/loguito-150x150.png quirórfano archivos - Dr. Brage | Cirujano Plástico https://carlosbrage.com/tag/quirorfano 32 32 La historia del oso polar: mi destino https://carlosbrage.com/mi-destino https://carlosbrage.com/mi-destino#comments Sun, 03 Dec 2017 17:00:22 +0000 http://brageplasticsurgery.com/?p=16203 Una de las cosas que más me gusta de la Cirugía Plástica, y que me tiene realmente enganchado, es que somos capaces de crear elementos anátomicos a partir de la nada

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Una de las cosas que más me gusta de la Cirugía Plástica, y que me tiene realmente enganchado, es que somos capaces de crear elementos anatómicos a partir de la nada, devolviendo la apariencia normal que nunca existió o que se perdió. Creamos para recrear, en un proceso que comúnmente llamamos reconstrucción. Donde arte y medicina no pueden estar más unidos. Donde el bisturí se confunde con el pincel y el escoplo con el cincel.

Hay cirugías que requieren mayor talento artístico que otras, y para mí la reconstrucción auricular es una de las más exigentes en este sentido. Además de ser una cirugía que me encanta, en ella encuentro la causa por la cual se despertó en mí la fascinación por la cirugía plástica, a través de la historia que da título a este post.

Sucedió justo antes de comenzar medicina, el verano de 2006, en un viaje que hice con mi hermano por la costa oeste de los Estados Unidos. En el zoo de San Diego en California, una escultura metálica de un oso polar llamó poderosamente mi atención. No recuerdo qué fue exactamente lo que hizo que me detuviera a contemplar a aquel enorme oso, quizás fue su gran tamaño, el brillo del metal, o tal vez el baile de sus curvas. Sin embargo, me gusta pensar que fue el destino, el culpable de que me fijara en esa obra y en la placa de su autor: el doctor Burt Brent.

El Dr. Brent era por aquel entonces el cirujano plástico especializado en reconstrucción de oreja más famoso del mundo. Pacientes de todas partes del planeta iban a San Francisco a que les operara él, incluido un amigo mío, en un largo proceso que incluía tres cirugías. Antes de toparme con aquella obra de arte, yo ya sabía algo de este cirujano, y el tipo de cirugía que hacía me había maravillado. La idea de que una persona fuera capaz de crear orejas para niños que habían nacido sin ellas me cautivó desde el principio, pero fue en aquél preciso instante, contemplando la escultura del oso polar, cuando me di cuenta de que el Dr. Brent no era «sólo un cirujano plástico». «¡Qué pasada, también es escultor!», le dije a mi hermano. Era un artista, un cirujano con manos de artista que creaba arte dentro y fuera del quirófano. Esa dualidad me alucinó. Me vi reflejado. Así quería ser yo. Ése quería ser yo.

Cuando terminé medicina había que escoger especialidad, y tenía claro que quería dedicarme a la cirugía. Deseaba convertir mi hobby en mi trabajo y así hacer realidad la célebre frase de Confucio que dice «elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida».

Por eso, llegado el momento de la verdad, estaba decidido: iba a ser cirujano plástico. Una profesión hecha a mi medida.

Con frecuencia me acuerdo de aquel momento delante del oso polar. Del subidón. Del flechazo. De la ilusión. De la emoción que sentí. De cómo surgió mi motivación para convertirme en lo que soy y aspiro a ser, a parecerme sólo un poco al doctor Brent.

 

El Oso Polar del Dr. Brent. Zoo de San Diego, California.

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